En medio de la agitada vida moderna, nos reunimos para practicar la plena consciencia en distintas formas.
La meditación que practicamos nos ayuda a volver al momento presente y contemplar con gratitud todas las condiciones que tenemos para vivir felices. Practicamos la meditación sentados, donde integramos nuestra mente y nuestro cuerpo, observamos las sensaciones y pensamientos. Es como estar sentados en la orilla del río de nuestras formaciones mentales, una vez que las identificamos podemos transformar aquellas que nos ocasionan sufrimiento.
Otra de nuestras prácticas es la meditación caminando, que nos permite apreciar realmente el caminar – no caminamos para llegar a algún lugar, sino por el mero hecho de caminar. En nuestra agitada vida diaria, a menudo nos parece que somos víctimas de una fuerza que nos empuja hacia adelante. A menudo debemos “correr” para ir, ¿a dónde? Es algo que rara vez nos cuestionamos.
En nuestra práctica lo importante es caminar, no llegar, para entrar en contacto con las maravillas de la vida que nos nutren y transforman.
También practicamos la meditación contemplativa cuando comemos o tomamos el té, podemos a través de ella reconocer que el Universo entero está sosteniendo nuestra existencia: el sol, el agua y mucho trabajo esforzado de mujeres y hombres. Comer o beber con plena conciencia nos ayuda a cuidar lo que consumimos, a nutrir mejor nuestro cuerpo y fortalecer nuestra gratitud.
El principio básico que nos sustenta es que no somos seres aislados, sino que inter-somos con todos los otros seres vivientes, por lo tanto, aprender formas de comunicación amorosa y veraz es otra de nuestras prácticas básicas.
Nos reunimos y platicamos, cada quien, desde su propia experiencia, tratamos de escuchar con el corazón y la mente abierta lo que se dice y también lo que no se dice, evitando apegarnos a nuestros puntos de vistas o crear discusiones sobre teorías o conceptos que puedan alejarnos de la experiencia de la vida misma.
Todas estas prácticas son herramientas que nos ayudan a vivir en el momento presente y a hacer más real nuestra vida, no importa cuál sea nuestra religión o nuestra orientación política o nuestra historia familiar, todos somos capaces de transformar nuestro sufrimiento y vivir de una manera más armoniosa, pacífica y alegre.
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